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Los Obispos solidarios

RECUERDOS: Monseñores Marengo, Esteban Hesayne y Jaime De Nevares

La complicidad de la mayoría de los obispos con la dictadura fue lamentable, pero no todos fueron cómplices hubo obispos que fueron la excepción: monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma, oriundo de Azul mi ciudad natal, a quien recordáramos en los pabellones de Sierra Chica, muy valiente, no le tenía miedo a la Junta militar y fue destacado por sus críticas a los uniformados dictadores ya que no acababa nunca de pedir por los desaparecidos y las violaciones de los derechos humanos  y el ex Obispo de Neuquén Jaime De Nevares, fallecido que fue integrante de la CONADEP, solidario con todos los detenidos, le mandó una carta a mamá, anunciando la grata noticia de mi libertad, pero que al fin fue puro engaño de los militares.

Tampoco quiero olvidarme del Obispo de la Rioja Angelelli, asesinado en un accidente automovilístico y el Obispo de Quilmes Novak.

Yo quiero mencionar sobre todo al ex obispo de Azul Manuel Marengo, fallecido el 17 de noviembre de 1988, para destacar que fue uno de los pocos que no colaboraron en la matanza.

Marengo, Obispo del centro de la provincia de Buenos Aires con jurisdicción del Penal de Sierra Chica , jamás nos dejó solos. Recibía a todos los familiares. Pedía audiencias privadas con los jefes de la brigada del Ejército reinantes en la zona, que fueron Harguindeguy,  Corbetta y Saint Jean, reclamando por los azuleños, insistiendo por el cura Elías Musse, que estaba con nosotros, pues cayó como militante de la JP de Mar del Plata, pero con anterioridad fue sacerdote de su parroquia en Azul. Dos de esos milicos fueron más tarde ministros del Interior. No se cansó de pedir por nuestras libertades y para que nos mejoraran el régimen infrahumano de la tumba. Y se dedicó a fondo para que en Sierra Chica no hubiera “boletas”; esas supuestas fugas que sirvieron para matar en la mayoría de las otras unidades penitenciarias. Eso lo garantizó. Lo presionaron para que cediera, pero no dio el brazo a torcer. Incluso lo requisaban como a cualquier otro cuando venía a visitarnos, y hacían correr la bola de que era subversivo. Empero, Marengo presionaba incansablemente a los milicos usando el poder de su investidura, sin darles respiro,  impidiendo lo peor. Nadie que haya pasado por Sierra Chica lo podrá negar. Le hizo prometer personalmente a Saint-Jean que no matarían a nadie en una cárcel en la que estaban el hermano del Che, Gullo, Villanueva, el Pampa Álvaro, Julio Urien y varios más. Y se movió por todos: “protestantes, católicos, judíos y ateos”. Nuestros familiares que venían de todo el país pedían audiencias con el buen obispo.

A Eduardo González lo mandó a chupar el coronel Aníbal Verdura, de Olavarría, quien hoy se encuentra con arresto domiciliario,  el 19 de septiembre de 1977 para interrogarlo con picana eléctrica. Marengo, alertado por los familiares que inexplicablemente no lo pudieron ver en una visita, lo fue a ver a Harguindeguy y consiguió que lo restituyeran al penal luego de 9 días de secuestrado, salvándolo de mayores suplicios y quizá de la boleta. También le salvó la vida a Mirta De La Canal, la mujer de Julio Varela, que una vez liberada, de vuelta de una visita a su marido, la “levantaron” en un ómnibus en Las Flores. Marengo se movió y en 3 días se las arrancó.

Ya luego en libertad, nos siguió recordando y enviándonos su bendición. La vida nos dio los hijos, y les pusimos en honor el nombre de Manuel o Manuela de este humano obispo, que cuando hablaba en sus visitas me llenaba de paz y armonía. Al fin con el obispo nos juntamos a cenar, después de ocho años tumba por tumba…

Carta de Monseñor Marengo.

Pequeño Cottolengo Argentino

“Don Orione”. Claypole. Bs. As.

Va dirigida a mi persona:

Agradece mis saludos de corazón y me envía su paternal bendición, deseándome una muy feliz estadía en Suecia y que el Nuevo año del Señor sea pleno de PAZ y santidad.

Desde Suecia, en recuerdo de los Obispos comprometidos con los prisioneros durante la dictadura militar.

Osvaldo César Gasparini
Suecia, domingo 19 de junio de 2011

 

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