Menéndez: “Los represores nunca dejan de serlo”

En una nueva oportunidad a medidados del 2008, con Cristina Civale en Civilización & Barbarie, compartí su blog con una nota en relación a la condena a prisión perpetua contra el genocida alias “el Chacal, pelito corto” Benjamín Menéndez:

Que “los represores nunca dejan de serlo” es una frase que repiten cotidianamente y con razón quienes militan desde hace años por el cumplimiento de los derechos humanos en la Argentina, para que sean juzgados y condenados todos quienes fueron responsables de secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Todos, es decir, en cada uno de los puntos de la línea de mando.

Me dio escalofríos escuchar el alegato del torturador Benjamín Menéndez, acusado del secuestro, tortura y homicidio de cuatro militantes del Partido Revolucionario del Pueblo, ocurrido en 1977 en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba.

Me quedo con el alegato del fiscal, del que reproduzco una parte, un alegato que llevó a una condena histórica: perpetua en una cárcel común para defensor acérrimo de la dictadura. Defensor de lo indefendible.

Por fin justicia sin privilegios: una senda inapelable de la civilización.

Tu nombre me sonó mucho cuando hiciste los comentarios sobre el hijo de puta de Menéndez, vagamente creo recordar quién sos…

Me encantará leer tu libro, sería un honor como lo fueron tus aportes a ese debate.

Muchas gracias, a vos por todo y por sobrevivir y recordar, aunque sea tan tan lejos. Y celebremos la vida, sin olvidar, pero celebrémosla. Me alegra que hayas encontrado otro rincón en el mundo, acá todo sigue ligado como siempre, aprovechá  los canales suecos, la pasmosa tranquilidad del primer mundo, luego de tanto aquella experiencia seguramente te debe venir muy bien.

Abrazo

Cristina Civale

En Cordoba cuando entraba la patota del Ejército, con Menéndez a la cabeza, todo el penal temblaba. Hasta los penitenciarios eran reticentes a esas boletas a pesar de que venían con orden escrita firmada por Bautista Sasiaiñ. Incluso se sospechaba que no les daban la lista de los presos. Sabiendo esto, cuando los formaron a todos en el patio y empezaron a llamar a los que irían para los fusilamientos, el “Colorado” se quedó inmóvil cuando  lo nombraron. No dio un paso al frente. Los milicos siguieron llamando a los demás porque estaban apurados y el compañero se salvó. –Yo después lo vi en los patios de Sierra Chica y lo contaba. Lo idealizaba por su coraje–.

El III Cuerpo empezó a ir de improviso unas dos veces por semana a la Unidad Penitenciaria 1 de San Martín, Cordoba, transformándolo en un campo de concentración, con Menéndez y Sasiaiñ dando ordenes. Sacaban a los presos y los bailaban con cuerpo a tierra y salto de rana hasta extenuarlos. Al que se resistía o desmayaba, lo cagaban a culatazos de FAL. El 7 de julio de 1976, en el pabellón 11, se dio no sé si la primera boleta, pero la más conocida. Y esto incluso lo corroboré con el Mono, un abogado de la ciudad de Rojas que presenció todo, que me lo volvió a contar. El Mono estaba parado al costado de Raúl Bauducco, sobrino del almirante Massera por parte de la mujer. Los apaleaban con bastones de goma. Bauducco se desmaya, desplomándose después de la requisa. Lo querían obligar a permanecer con los brazos en alto contra la pared. Al cabo de dos horas no pudo más y se desmoronó.

-“Levantate o te mato”.

-Le gritó el cabo Miguel Ángel Pérez-Perpetua-Desvanecido.

- Bauducco no respondió.

Pérez solicitó autorización. Enrique  Monez Ruiz-Perpetua, jefe de la patota, la concedió.

Pérez le apoyó el caño de la pistola en la cabeza y volvió a repetirle que se levantara que, si no, lo mataba. Bauducco no se movió y el otro le descerrajó el balazo.

Es de recordar que durante el proceso judicial, el cabo Perez lloraba como una señorita en todas las audiencias, lamentaba que se había dejado manipular por los militares siendo un pobre cabo… Ya luego de un par de años detras de las rejas, comienza el “hombre” arrepentirse, madura calentando la celda, es dificil mantener la doble moral, con los genocidas, convivir con esos fantasmas, pobres diablos .

Sweden 2012

Osvaldo César Gasparini

 

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