¿Cómo haríamos para que el castigo y el premio sean igual para todos?

Me encantaría que la justicia sea de verdad igual para todos. No concibo que dos personas que son acusadas de cometer el mismo delito tengan distinto trato ya sea cuando el delito está en investigación o cuando éste ya se culminó. Durante la investigación de un delito, una persona con holgura financiera puede pagar una fianza y esperar tranquilamente en su casa lo que dure la investigación, mientras que aquella persona que cometió el mismo delito, pero sin recursos económicos, tenga que esperar adentro. Cuando la investigación del delito ya culminó, un presidente que robó y/o violó derechos humanos va a cumplir sentencia en una cárcel con todas las gollerías imaginadas (gimnasio, internet, cable, jacuzzi); de otro lado, el común y silvestre criminal se hacinará en alguna cárcel hecha, justamente, para criminales como ellos dos.

Me encantaría copiar una ley de la India respecto a cómo se aplican los sobornos en el sector público. En este país con altos niveles de corrupción en la sociedad, se castiga al que recibe el soborno y no al que lo entrega. Sancionar al que lo recibe sería una forma más efectiva de desincentivar esta sucia práctica ya que esta persona estará bajo la presión de que si acepta algún soborno será sancionada y al mismo tiempo sabrá que el dador no tendría nada que perder, salvo de acusarlo por corrupto. También me encantaría saber qué hizo Dinamarca para tener el honroso título del país menos corrupto del mundo. Me queda claro que es una cuestión cultural que ha venido pasando de generación en generación, pero nunca es tarde para aprender. Podríamos comenzar por no usar nunca más la palabra corrupto y cambiarla por ladrón. Tengo la ligera sospecha que la palabra corrupción se ha vuelto muy ligera y no la entendemos en su real dimensión. Si le decimos ladrón en su cara pelada pienso que existe la posibilidad que la persona recapacite y tengo alguito de vergüenza. Quién sabe.

Me encantaría que los medios de comunicación dejen de hacer el ridículo antes de un proceso electoral y hacer como sucede en Estados Unidos o algunos países en Europa donde definen y hacen público su apoyo para alguna candidatura que ellos, no sus clientes, creen que sea la mejor alternativa. Creo que más puede el miedo de decir abiertamente a quién deciden apoyar, y prefieren seguir burlándose de la inteligencia de sus lectores/oyentes/televidentes queriendo aparentar que son realmente independientes.

Me encantaría que todos los trabajadores del sector público sean evaluados bajo una gestión de resultados. La “meritocracia” y la compensación económica que realmente merece cada persona se impondría al compañerismo  y al poco efectivo tope salarial. Sólo estoy pidiendo un funcionamiento lo más cercano al sector privado. Creo que no es mucho pedir.

Algún día…

 

 

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