La querida de Obama

Obama6Los latinos en Estados Unidos vivimos aferrados a la ilusión de ser la “novia” de Obama. Por eso votamos masivamente por él en el 2008, por eso repetimos en el 2012.

En realidad, somos la “querida” del presidente.

Una novia tiene un anillo, una fecha para la ceremonia matrimonial, un vestido escogido, el lugar seleccionado, sabe cuáles son los colores que usará, ha hecho una lista de invitados, se ha paseado por compañías de catering. Una novia tiene un novio. Una querida tiene un amante.

Una novia y un novio son una pareja en una relación supuestamente de equidad. Una querida se encuentra en una situación en donde la ilegitimidad permea todo, destruyendo a su paso cualquier esperanza de equilibrio de poderes.

Con una población de 53 millones de latinos en Estados Unidos,  mayor que la de muchos países en Latinoamérica, es esa actitud de “respeto” hacia el presidente que prometió sacar de la sombra a once millones de indocumentados y reformar el arcaico e injusto sistema nacional de inmigración lo que nos tiene al borde de nuestros asientos desde hace años. El voto latino puso a Obama en la Casa Blanca pero él únicamente nos recuerda cuando se trata de hacer puntos políticos y ganarse el apoyo de quienes sí podemos votar.

El tema de la reforma migratoria sale a flote con frecuencia en discursos y entrevistas y sin embargo las deportaciones han aumentado durante la presidencia de Obama. La orden ejecutiva DACA que permite aplazar la deportación de millones de jóvenes indocumentados que llegaron al país cuando eran pequeños, y por lo tanto inocentes víctimas de los actos de sus padres, permite que estos jóvenes puedan moverse dentro de la sociedad estadounidense como cualquier otra persona (pueden conducir y presentarse a un trabajo, por ejemplo), el precio de esta moratoria es acceso a su información, ponerlos a la luz del día digamos, poner en peligro al resto de su familia.

Desde la llegada de Obama al poder dos millones de personas han sido deportadas. Desde el inicio de DACA, hace un año, ya suman 200,000 padres y madres de los postulantes a este programa los que con deportación han sufrido las consecuencias de ponerse a disposición del gobierno.

El presidente continúa manteniendo “inocencia” con respecto a estos arrestos, a estos hacinamientos en centros de detención, a estas deportaciones masivas…  incluso de residentes legales y de ciudadanos, a esta cacería de personas que llegaron con la perspectiva de hacerla en este país. Nos cuenta el cuento que toda amante quiere escuchar, que no es su culpa, que lo tienen fichado en casa, que si hace un movimiento en falso perderá todo… y entonces no podrá cumplir con ninguna de las promesas. «¿Es acaso eso lo que quieren?», nos dice. «Ya verán que si me tienen paciencia, les cumplo».

Y los latinos queremos creerle. Obama es “buena gente”, ¿cómo puede estar haciendo esto con maldad? Si nos ha dicho que nos quiere y nos respeta, debe ser verdad, nos decimos mientras esperamos, y esperamos, y esperamos.

Son los jóvenes los que han abierto sus ojos a la auténtica realidad de los latinos en Estados Unidos y han iniciado una ofensiva en nombre de todos los inmigrantes, y especialmente de los indocumentados, utilizando las redes sociales para difundir mensajes que hacen hincapié en demostrar con veracidad las verdaderas situaciones de millones. Son ellos, los llamados DREAMers (en honor a la legislación DREAM Act que permitiría a estos jóvenes indocumentados vivir en el país legalmente, pero que luego de una década de batalla todavía no ha sido aprobada), quienes en repetidas ocasiones han protestado públicamente y aquel acto de valentía les ha costado encarcelamiento y deportación a un país que no conocen. Son ellos los que, a fuerza de desenmascarar a los políticos que se benefician de mantener el debate abierto para siempre, están logrando crear conciencia en el público y despertando a la comunidad latina a la alarmante realidad de ser únicamente la querida de Obama.

Ani Palacios es comunicadora. Nació y se crio en Lima, Perú. Estudió comunicaciones y periodismo en la Universidad de Piura y en la Universidad de Lima. Llegó a Estados Unidos en 1988 y trabajó en diversas organizaciones en periodismo, mercadeo y relaciones públicas. Dirige Contacto Latino y Pukiyari Editores. Ha obtenido el reconocimiento de la crítica literaria de los Estados Unidos ganando múltiples International Latino Book Awards. Preside la Sociedad de Escritores de Columbus. Ha presentado en conferencias universitarias y ferias del libro. A través de Contacto Latino lleva a cabo anualmente dos concursos literarios internacionales.

El Perú visto desde fuera

Circula en Internet un video titulado “Reflexiona peruano, reflexiona” de Máximo Cuba Angulo. En esta grabación, el señor Cuba reflexiona acerca de los males que como una nube tóxica se encuentran estacionados sobre nuestro país desde tiempos vetustos.  Es un video excelente; lo recomiendo  por su nitidez de exposición y sus acertados comentarios.

Como peruana residente en el extranjero, a veces me siento cohibida de dar mi opinión. “¿Qué sabes tú si no vives aquí, si no la has sufrido con nosotros?” es la objeción a mi sentir.  Un dictamen bastante cruel por cierto, porque los que vivimos afuera tenemos el corazón en el Perú. Lo que muchos no atinan a discernir es que  la perspectiva es diferente cuando admiras a tu país desde fuera puesto que puedes ver las cosas con más objetividad y menos emotividad.

PeruanoHe vivido en Estados Unidos 25 años ya, pero nunca he dejado de amar y añorar al Perú. El lugar donde creces, te desarrollas, haces tus primeros amigos, lloras tus primeras lágrimas, tienes tus primeros desencantos, encuentras el amor de tu vida y haces tus pininos profesionales tiene una influencia en tu espíritu que llevarás contigo toda la vida.

En el Perú están mis raíces, mi corazón. En Estados Unidos me desarrollé como mujer, como madre y como profesional. Aquí es donde aprendí cómo vivir en el país más competitivo del mundo sin dejar atrás la regla de oro: “Trata a otros como quisieras que te traten”.  Fue aquí en donde aprendí la regla de platino: “Trata a otros como ellos quisieran ser tratados”.

Cuando recién viajaba para Estados Unidos me dijeron que los gringos son individualistas, y hasta cierto punto lo son; pero este es un país en donde la caridad y el bien colectivo es cosa de todos los días. Me dijeron que los gringos tienen reglas absurdas, y al comienzo me era difícil seguirlas; pero hoy entiendo que poner orden desde el comienzo nos calma, nos dice que todo va a funcionar… y en realidad todo funciona, es predecible y por tanto no hay el factor de lo inesperado que crea estrés. Me dijeron que perdería mi sitio en la sociedad, y en verdad aquí todos son iguales; ¿pero no es acaso mejor saber que vives en una sociedad que premia el mérito en lugar del apellido?

En el Perú critican mucho a Gringolandia y se burlan de los hábitos que adquirimos allá, pero luego tratan de copiar todo lo que viene de este país. Es una de esas contradicciones que se derivan de lo creídos que son los peruanos que hasta se creen que inventaron ideas que se robaron del país que critican. Un poco de humildad colectiva no le haría mal al país que tanto quiero.

El Perú se está arreglando económicamente pero refinar su idiosincrasia, aquellas cositas que hacen al peruano ser como es, lleva trabajo profundo tanto individual como comunitario. El peruano tiene que cambiar su mentalidad de mendigo por la de abundancia: si no hay torta para todos, haz una torta más grande; cuando hay para todos y todos deciden seguir la regla de oro, o la de platino, la gente está en paz y el país en armonía. La ansiedad del peruano que crea su “viveza” tiene sus raíces en una sensación de estar siempre a punto de perder. Cuando voy al Perú tengo que aplicarme una ultra dosis de paciencia pues sé que la gente se me va a colar, que el trafico será un caos por la desesperación de todos y cada uno de los choferes que no pueden tener un plan de manejo que piense en el vecino, que el desprecio rabioso entre razas ha escalado, que la vanidad del peruano se encuentra aún más pronunciada, que en el Perú todos hablan pero nadie escucha.  Ahora que están bien es un buen momento para reflexionar y escuchar a los otros, de ayudarse mutuamente y abrirse a las posibilidades de un país en donde siempre hay para todos, en donde la mentalidad bíblica de “los últimos serán los primeros” prevalece,  en donde los hijos ven padres menos estresados por la inseguridad en las calles y las cárceles ven disminuir su población, un país en donde la mentalidad de innovación vale y el que sale adelante es admirado por su rol ejemplar.

¿No sería maravilloso construir un país en donde todos quisiéramos vivir?

Ani Palacios es comunicadora. Nació y se crio en Lima, Perú. Estudió comunicaciones y periodismo en la Universidad de Piura y en la Universidad de Lima. Llegó a Estados Unidos en 1988 y trabajó en diversas organizaciones en periodismo, mercadeo y relaciones públicas. Dirige Contacto Latino y Pukiyari Editores. Ha obtenido el reconocimiento de la crítica literaria de los Estados Unidos ganando múltiples International Latino Book Awards, incluidos reconocimientos por mejor novela en el 2010 (Nos vemos en Purgatorio – primer puesto, ganándole al bestseller Paulo Coelho) y 2011 (Plumbago Torres y el sueño americano – tercer puesto). En el 2013 publicó la novela de inspiración espiritual, 99 Amaneceres. Preside la Sociedad de Escritores de Columbus (Ohio, Estados Unidos). Ha presentado en conferencias universitarias y ferias del libro. A través de Contacto Latino lleva a cabo anualmente dos concursos literarios internacionales.

 

¿Recibirás el año con el corazón abierto?

baile-nieveEl primer minuto del año me encontró bailando en la nieve con mi esposo. Empezar el 2013 haciendo travesuras, comportándome tal y como siempre debiera hacerlo, dejando que mi verdadera personalidad brille, me pareció una gran manera de inaugurar los siguientes doce meses y augurar buena fortuna, dejando atrás, lo más lejos posible, dos años desastrosos.

Pues parece que traer a Juanes, a Carlos Vives y hasta a Pitbull a la íntima fiesta resultó ya que el 2013 realmente se convirtió en todo lo que no esperaba en el mejor sentido posible. Hoy, 30 de diciembre, día en que tengo por costumbre sentarme y contemplar cómo me fue en aquel regalo espiritual que llamamos «año», reviso historias pasadas y me doy cuenta de lo generoso que el tiempo puede ser si se lo permitimos.

2013 ha sido un año de evolución para mí, no lo dudo. Doce meses en los cuales he dedicado gran tiempo a regresar a mis raíces, a mi esencia, a preguntarme qué es lo que quiero, qué es lo que puedo, qué es lo que debo. Estas no son preguntas sencillas puesto que sus respuestas pueden ser contradictorias. Fueron las personas con las que recorrí este año las que jugaron el papel de guías para contestar aquellas preguntas. Les debo la paz de saber.

Cuando nos preguntamos «¿por qué no?» en lugar de «¿por qué?» nos abrimos a los descubrimientos que cada día nos ofrece. Cuando nos decimos «soy demasiado vieja para no haber tratado eso» en lugar de «estoy muy vieja para eso», nos abrimos a experimentar un mundo inesperado. Cuando nos cuestionamos las oportunidades que se nos presentan, ¿estamos siendo sensatos o permitiendo que el miedo gane?

2013 ha sido un año en el que decir «sí puedo», «sí quiero», «sí me lo merezco» ha estado presente en casi todas sus 365 iteraciones. Quiero tatuarme esas palabras en el centro de mi cerebro, así nunca dudaré de la fortaleza del espíritu humano. A mis 52, en este año pasé una semana entera conviviendo y entrevistando a una mujer que dice hablar con espíritus, tanto de personas vivas como de aquellas fallecidas, y otra semana con un hombre abusado desde sus primeros días en esta tierra. Inicié un concurso de relatos pecaminosos y me hice de cientos de amigos en el camino. Empecé a dictar talleres para nuevos escritores y en la interacción descubrí que compartir lo que sé con otros me brinda mucha alegría. Trabajé con cuatro docenas de autores, el placer de ver sus manuscritos publicados es realmente de otro mundo. Amplié mi búsqueda de buenas personas para incluir mujeres y hombres de culturas desconocidas, creo que el mundo sería un mejor lugar si escuchásemos más y juzgáramos menos. Me hice disponible para quien tuviera una pregunta. Me volví adicta a los retos y al corazón de la humanidad. Y dentro de todo eso, busqué el tiempo para dedicarle a la familia, a los amigos, a los que sufren de enfermedades y a los que nos dejaron este año.

vinilo decorativo ano nuevo 2014Sé que no tengo control sobre muchas cosas pero sí tengo control sobre mis reacciones. Sé que no tengo control sobre lo que otros me hacen a mí pero sí tengo control sobre lo que yo hago por otros. Sé que no tengo control sobre el sufrimiento de otros pero sí tengo control acerca de lo que yo hago para amainarlo. Sé que no tengo control sobre la evolución de otros seres humanos pero sí tengo control sobre los retos que acepto para moldear quien soy. Sé que no tengo control sobre lo que otros piensan de mí pero sí tengo control acerca de lo que represento para mí misma.

Me gusta también leer el horóscopo en esta fecha. Me llena de buena energía acerca de las posibilidades que trae el año que se aproxima. De alguna manera saber que estoy viva y que el mundo está lleno de oportunidades me hace sentir optimista. Según lo que leo, el 2014 será un año en el que recibiré mucho y por lo tanto tendré incluso más para dar.

Ha empezado a nevar en Columbus. Veo la nieve caer en el suelo y sé que en menos de 48 horas celebraré la llegada del nuevo año bailando en la nieve. ¿Y cómo lo recibirás tú?

Ani Palacios es la autora de las reconocidas novelas “Nos vemos en Purgatorio”, “Plumbago Torres y el sueño americano” y “99 Amaneceres”. Dirige el portal Contacto Latino y es la editora de Pukiyari Editores (www.pukiyari.com).

La generación DREAMer soñará ahora a todo color

Si es que existiese un premio a la perseverancia, de seguro que me gustaría entregárselo a los jóvenes del movimiento DREAM, un coro de chicos y chicas que ha ido creciendo durante esta última década de altos y bajos, de esperanzas y desaliento para lo que conocemos como el DREAM Act.

Muchos de ellos se fueron enterando en su adolescencia, la época en que los sueños van tomando forma, que sus padres los trajeron a Estados Unidos, en estado legal de indocumentados, cuando eran niños.

Imagínate el choque de enterarte que no eres igual que tus amigos, que lo que ellos pueden hacer, manejar, ir a la universidad, trabajar, tú no lo puedes hacer porque a pesar de que todo en tu historia hasta aquel fatídico instante te dice que tú eres tan americano como el pastel de manzana, de pronto te enteras que lo tuyo no es, digamos, ‘valido’, ante los ojos de la ley, tu ciudad, tu escuela, y hasta tus propios amigos.

Es como si de la noche a la mañana hubieras adquirido una enfermedad contagiosa y letal y hubieses perdido todo, absolutamente todo lo que reconoces como real y tuyo. Y con ello, con aquel dictamen que a muchos les llega durante un momento inocuo, como una conversación con un policía porque fuiste muy rápido o muy lento o no te estacionaste adecuadamente, todos los sueños, toda tu vida se va en un suspiro.

Sería suficiente para que muchos de nosotros, los adultos, los grandes, nos diéramos por vencidos. Abatidos, recogeríamos nuestras piltrafas y nos iríamos en medio de la noche; agazapados en las sombras de la vergüenza algunos nos regresaríamos a nuestros países, dejaríamos que aquellos que legislan con odio ganasen.

Pero no para los DREAMers. Para ellos cada desilusión se ha convertido en un grito de guerra, un murmullo de perseverancia, un arrullo de paciencia. Con cada DREAM Act que no ha sobrevivido un Congreso desalmado, más y más jóvenes se han unido a este movimiento. Guagüitas que nos han enseñado que aun cuando pierdes ganas, porque los pasos andados no se desandan.

Estos son jóvenes, casi niños, que han madurado de la noche a la mañana y han tomado un puesto de gran responsabilidad en el espacio político, son los que han empujado sus ideales con una fuerza que solo puedes tener cuando sabes que estás en lo cierto, desafiando las voces hostiles con entereza, sufriendo castigo y arriesgando con cada manifestación aquello a lo cual le temen más que a nada, deportación.

Apostaron en su educación y en que en algún momento las oportunidades por fin se presentarían para ellos. Y para más de un millón, a partir del 15 de agosto, día en que podrán empezar a solicitar protección de deportación y permiso de trabajo a través de la nueva política de acción diferida, los sueños en sombras borrosas de destinos futuros se convertirán en realidades a color.

A la generación DREAMer les debemos un aplauso y más, mucho más, porque nos han enseñado que con miedo no se logra nada pero que los sueños, aun los sueños que parecen imposibles, están al alcance de aquellos que los persiguen con valentía, perseverancia, paciencia y unidad.

Celebren el 15 de agosto, muchachos, que se lo tienen bien merecido. Y el 16, regresen a hacer lo que hacen mejor que nadie: a enseñarle a los grandes cómo se hace, cómo se sueña en colores vívidos, cuando de verdad tienes ganas.